Que lucha tan intensa

Mi vida cristiana comenzó a los 12 anos durante todo ese tiempo, he pasado por tantos episodios he tenido que superar tantas circunstacias he madurado y dejado atrás épocas de mi vida – incluyendo las tareas de la escuela, el dolor del primer desamor, los años de universidad, hasta los inicios incómodos de la edad adulta. He pasado por rupturas de amistades y aflicción familiar y he llegado al otro lado.

Sin embargo, hay una lucha que aún no he podido superar, abandonar o dejar atrás. Y es la relación complicada que tengo con mi cuerpo.

Luchar con mi imagen corporal, como una seguidora de Jesús, me hace sentir especialmente vulnerable. Puedo recitar los pasajes de la Escritura llenos de verdad, como el Salmo 139, diciéndome que “…soy una creación admirable…” (Salmo 139:14, NVI), pero aun hay algo dentro de mí que se siente increíblemente quebrantado.

He reflexionado en lo que desease que fuera diferente…

Me he restringido durante las comidas…recuerdo con risas un dia estaba con mi hermana menor Leudys ,y yo hacía el desayuno para ambas familias estabamos de vacaciones , yo decidi no desayunar y me hice un batido con papaya y solo avena , ella me observaba sin que yo me diera cuenta y de repente ella tomo un vaso y se sirvió al llevarlo a su boca lo escupio y dijo que ESTOOOOO!

era mi desayuno luchando siempre con el sobre-peso…..

He hecho ejercicios como castigo en lugar de hacerlo por placer…

Y he llegado a creer a veces, que las mujeres que se ven como yo quisiera ser, son más amadas, más exitosas y deben tener más dominio propio que yo.

Espiritualmente, sé que Dios ha redimido mi alma por medio del milagro más grande que hay: Jesús. Pero físicamente, sufro al preguntarme por qué sigo peleando con una relación tan quebrantada con mi propio cuerpo.

Sin embargo, recientemente me he dado cuenta que he estado pensando en esto de una manera equivocada. He estado intentando tratar un problema espiritual con soluciones físicas.

No sé cómo esto resuena específicamente contigo, pero últimamente, me he encontrado en círculos de amigas cristianas donde descubrí que yo no era la única quien luchaba con esto. Caminar con Jesús no nos libra de luchas simplemente por ser cristianas. Sino que nos da un lugar donde agarrarnos como ancla cuando nos sentimos desorientadas o desanimadas por lo que sentimos y por lo que estamos enfrentando.

Yo había ignorado que, aunque la lucha con mi imagen corporal puede estar alojada en mi cuerpo físico, Dios se preocupa profundamente por ello espiritualmente. Y en la complejidad de mi propio trayecto, encontré mi camino a las palabras del Salmo 145:16, “Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente”.

Dios es el Único que puede interrumpir los ciclos caóticos en los cuales nos encontramos e interponerlos con lo que realmente anhelamos: satisfacción duradera.

Así que, empecé a dejar entrar a Dios en este trayecto continuo de sanar mi relación con mi cuerpo. Y gracias a eso, hay unas verdades hermosas que quiero compartir contigo:

● Está bien si no sentimos que nuestro cuerpo es bueno. Dios simplemente nos invita a estar conforme con la verdad que Él ya ha declarado nuestros cuerpos como buenos. (Génesis 1:31a)

● No importa cuántas veces he deseado que mi cuerpo sea distinto, Dios no. De hecho… Él se deleita en mí. (Salmo 18:19)

● Su fidelidad no está ausente en cómo Él formó mi cuerpo. Su fidelidad se revela en cómo Él formó mi cuerpo. (Salmo 145:13b)

Esta parte de mi historia continúa siendo una labor en progreso. Aún tengo que superarla; sin embargo, estoy aprendiendo en medio de ello. Y si te encuentras también ahí hoy, quiero compartir unos hábitos que realmente me han ayudado.

● Renunciar a la tentación de compararme con otras y, en su lugar, centrarme en hábitos sanos y sostenibles para mí. (Gálatas 1:10)

● Nombrar los pensamientos desordenados como tal, para que pueda reordenar mis pensamientos hacia lo que es verdadero, respetable, justo, puro, amable y digno de admiración. (Filipenses 4:8)

● Pedir a Dios que purifique mi corazón en vez de centrar mi atención en perfeccionar mi cuerpo fugaz y terrenal. (2 Corintios 7:1; Salmo 51:10)

Amig@, sea cual sea la lucha que sientes que aún debes superar, invita a Jesús a estar justo ahí en medio de ello. No tenemos que esperar que las cosas estén ordenadas para Él. Quizás tambaleamos por nuestras luchas, pero, aun así, seguimos en movimiento.

Dios Padre, te agradezco hoy por mi cuerpo. Gracias por todo lo que me permite llevar, lograr y hacer para Tu Reino. Pido por una visión renovada que me deja ver mi cuerpo como Tú lo ves…bueno. Cuando mi mente se desvía hacia los pensamientos que no provienen de Ti, por favor ayúdame a recordar las verdades que descubrí en Tu Palabra hoy. Gracias por ser fiel y cercano a mí durante mis luchas. En el Nombre de Jesús, Amén.

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